↻Última actualización: 24 de septiembre de 2026

✓La inteligencia artificial no diseña webs: acelera partes del trabajo. Hoy sirve de verdad para tres cosas: generar primeras versiones de textos e imágenes, automatizar tareas repetitivas y analizar el comportamiento de los visitantes. Lo que no hace es decidir la estructura, entender a quién le vendes ni responder cuando algo se rompe. Por eso el resultado depende de quién la usa, no de la herramienta.
Desde 2023 no hay conversación sobre diseño web que no acabe en la inteligencia artificial. Y como pasa siempre, se mezclan dos cosas muy distintas: lo que las herramientas hacen hoy y lo que prometen los anuncios. Este artículo va de lo primero.
Tabla de contenido
ToggleQué hace de verdad la inteligencia artificial en diseño web
Tres cosas, y conviene separarlas porque no tienen el mismo valor.
Generar un primer borrador. Textos de partida, imágenes, paletas, incluso una estructura de páginas. Es donde más se nota y donde más rápido va: lo que antes era mirar una página en blanco ahora es corregir algo que ya existe. El borrador casi nunca vale tal cual, pero corregir es mucho más rápido que empezar.
Automatizar lo repetitivo. Recortar cien fotos de producto al mismo encuadre, generar las medidas de una imagen para cada dispositivo, escribir los textos alternativos, traducir, detectar imágenes demasiado pesadas. Aquí no hay creatividad: hay horas que se ahorran y errores humanos que se evitan. Si quieres llevar esto a tu negocio, con un chatbot que responda con tu información o automatizando las tareas que repites cada semana, lo vemos en programación a medida.
Entender qué hace la gente en la web. Los mapas de calor y las grabaciones de sesión llevan años existiendo; lo nuevo es que ahora resumen solos dónde se atasca el visitante. Herramientas como Hotjar señalan el punto en el que la gente abandona, y eso convierte una intuición en un dato.
Las herramientas, ordenadas por para qué sirven
La lista cambia cada pocos meses, así que lo útil no es memorizarla sino saber a qué grupo pertenece cada una.
Para maquetar y prototipar: Figma con sus funciones de IA, Uizard para pasar de un boceto a una pantalla y Framer para montar una web a partir de una descripción. Sirven para enseñar una idea rápido, no para entregar un proyecto.
Para generar imágenes: Midjourney y compañía. Muy buenas para ilustración y ambiente; malas para lo que tiene que ser exacto, como el producto real del cliente o su equipo de verdad.
Para crear una web entera sola: Wix, Durable o Bookmark. Resuelven una web sencilla en una tarde. El problema aparece después, cuando hay que cambiar algo que la plantilla no previó o cuando el negocio crece.
Para tareas de producción: Adobe Sensei para el tratamiento de imagen en lote, o accessiBe para detectar problemas de accesibilidad. Ojo con esta última familia: detectar es útil, pero una capa automática no sustituye a una web bien hecha desde el principio.
Casi todas estas funciones acaban llegando también a WordPress en forma de plugin, que es donde se quedan cuando dejan de ser novedad.
Lo que la IA no hace
Conviene separar dos cosas que se mezclan siempre: la IA generativa para diseño web, que es la que produce imágenes, textos o maquetas, y la automatización del diseño web, que no inventa nada y solo quita trabajo repetitivo.
Y aquí está la parte que no sale en los anuncios.
- No sabe a quién le vendes. Puede escribir sobre cualquier sector, pero no sabe que tus clientes llaman por teléfono en vez de rellenar formularios, ni que la mitad te encuentra por el móvil un domingo por la tarde.
- No decide la estructura. Qué va en la página de inicio, qué merece página propia y qué sobra es una decisión de negocio, no de diseño. Es la que más condiciona el resultado y la que ninguna herramienta toma por ti.
- No se hace responsable. Si el formulario deja de enviar correos, si una actualización rompe la web o si el pago falla un viernes, hay que llamar a alguien. Esa parte se llama mantenimiento web y no se automatiza.
- Se equivoca con seguridad. Inventa datos, precios y referencias con el mismo tono con el que acierta. Todo lo que salga de una IA y vaya a publicarse hay que comprobarlo.
Los textos generados y Google
Es la duda más repetida y la respuesta es más sencilla de lo que parece: a Google no le importa cómo se ha escrito un texto, le importa si es útil. Lo que penaliza es publicar en masa contenido que no aporta nada, se haya escrito con IA o a mano.
En la práctica, un texto generado y publicado tal cual se nota: dice generalidades, repite la palabra clave, y no cuenta ni un dato que no esté en otras cien webs. Ese es el que no funciona. Un texto que parte de un borrador de IA pero al que alguien le mete precios reales, plazos reales y los errores que ha visto de verdad, funciona igual que cualquier otro. Si te interesa el detalle, lo tratamos en posicionamiento web.
Cómo usarla sin que se note
Cuatro reglas que evitan casi todos los desastres:
- Que el borrador sea el principio, no el final. Si publicas lo primero que sale, estás publicando lo mismo que tu competencia, que usa la misma herramienta.
- Nada de imágenes generadas para lo que existe. Tu local, tu producto y tu equipo se fotografían. Las imágenes generadas valen para lo abstracto.
- Comprobar todo dato. Precios, plazos, medidas y nombres propios.
- Decidir tú la estructura. Primero qué páginas hacen falta y para qué sirve cada una; después que la herramienta rellene.
Qué cambia para quien encarga una web
Menos de lo que parece, y en un sentido que sorprende: como montar algo aparente es más fácil que nunca, lo que diferencia a una web ya no es el aspecto. Es lo de debajo. Que cargue rápido, que se entienda en el móvil, que el formulario llegue, que se pueda actualizar sin romperse y que alguien responda cuando falle.
Por eso la conversación con un estudio de diseño web ha cambiado de sitio: antes se hablaba de cómo iba a quedar, y ahora se habla de qué tiene que conseguir y quién se ocupa cuando esté funcionando. La herramienta con la que se dibuja importa cada vez menos.
Es exactamente la conversación que tenemos cuando alguien pide presupuesto de diseño web en Pontevedra: no empezamos por cómo va a quedar, sino por qué tiene que conseguir y quién se ocupa de ella cuando esté funcionando.
La IA en cada etapa de un proyecto real
Vista de cerca, la inteligencia artificial no entra en un proyecto de web como una herramienta, sino como muchas pequeñas ayudas repartidas. Así queda un proyecto normal:
Antes de empezar. Sirve para resumir lo que dice la competencia y para ordenar las ideas del cliente. No sirve para decidir qué páginas hacen falta: eso sale de una conversación con quien vende el producto, no de un análisis de webs ajenas.
En la estructura. Puede proponer un mapa de páginas de partida. Suele salir uno correcto y genérico, con las mismas seis secciones de siempre. El trabajo real es quitar lo que sobra: la mayoría de negocios pequeños necesitan menos páginas de las que proponen las plantillas, y cada página de más es una que hay que mantener.
En el diseño. Aquí es donde más útil resulta, porque permite ver tres caminos distintos en el tiempo que antes costaba ver uno. La decisión entre los tres sigue siendo humana, y se toma mirando a quién va dirigida la web.
En los contenidos. Un borrador por página acelera muchísimo, sobre todo cuando el cliente no tiene los textos, que es lo que más retrasa los proyectos. Pero el borrador hay que llenarlo de lo que solo sabe el cliente: precios, plazos, zonas donde trabaja y las tres preguntas que le repiten por teléfono.
En la producción. Recortes, medidas, compresión de imágenes, textos alternativos. Puro ahorro de horas, sin discusión.
Después de publicar. Los informes automáticos ayudan a ver qué páginas no funcionan. Lo que hay que hacer con esa información sigue sin resolverlo ninguna herramienta.
El punto ciego: la accesibilidad
Han aparecido servicios que prometen hacer accesible cualquier web añadiendo una línea de código. La idea es tentadora y conviene entender por qué no basta.
Una capa automática puede arreglar cosas mecánicas: avisar de que falta un texto alternativo, detectar contraste insuficiente, permitir agrandar la letra. Lo que no puede es arreglar lo que está mal de origen: un formulario cuyos campos no tienen etiqueta, un menú que no se puede recorrer con el teclado o una web donde el color es lo único que distingue un aviso de error.
Las WCAG, que son el estándar técnico de referencia, están escritas sobre cómo se construye la página, no sobre lo que se le añade encima. Por eso lo barato acaba saliendo caro: la capa automática detecta problemas que después hay que arreglar en el código de todas formas. Merece la pena usarlas como detector, no como solución.
Cómo se nota una web hecha con IA y sin criterio
Hay señales que se reconocen enseguida, y conviene conocerlas tanto si vas a encargar una web como si estás revisando la tuya:
- Textos que no dicen ni un número. Ni precios, ni plazos, ni zonas, ni años. Todo es «soluciones a medida» y «resultados excepcionales».
- La misma frase repetida en todas las secciones. Suele ser la palabra clave metida a la fuerza, y se lee raro incluso sin saber por qué.
- Fotos de gente sonriendo en oficinas que no existen. Delatan que no se ha visitado el negocio.
- Páginas que se contradicen. Una dice que se atiende toda España y otra que solo la provincia, porque se generaron por separado.
- Preguntas frecuentes que nadie ha hecho nunca. Se reconocen porque no responden a una duda real, sino a lo que suena bien.
Qué preguntar a quien te haga la web
No hace falta entender de herramientas para hacer las preguntas correctas. Con estas cuatro se distingue bastante bien:
- ¿Quién escribe los textos y de dónde salen los datos? La respuesta buena incluye una reunión contigo, no solo un análisis de la competencia.
- ¿Podré cambiar cosas yo sin tocar código? Y que te lo enseñen funcionando, no que te lo cuenten.
- ¿Qué pasa cuando algo se rompe? Si la respuesta no incluye una persona y un plazo, no hay respuesta.
- ¿La web es mía? Con acceso al dominio, al alojamiento y al gestor de contenidos. Algunas herramientas que montan webs solas dejan el sitio atado a su plataforma.
Dónde se ahorra tiempo de verdad y dónde no
Puesto en horas, que es como se nota, el reparto es bastante desigual:
- Donde más se ahorra: el tratamiento de imágenes en lote, los primeros borradores de texto y las traducciones. Son tareas mecánicas y repetitivas, y ahí la diferencia es de horas a minutos.
- Donde se ahorra algo: explorar caminos de diseño y resumir información. Se llega antes a la primera propuesta, pero elegir entre ellas sigue costando lo mismo.
- Donde no se ahorra nada: entender el negocio, decidir la estructura, conseguir los contenidos reales del cliente y resolver los problemas técnicos que aparecen al final. Y son justo las etapas que marcan el plazo de un proyecto.
Por eso las promesas de «tu web en una tarde» describen bien la parte fácil y se saltan la difícil. La parte fácil nunca fue el cuello de botella.
Cómo cambia según el tipo de proyecto
Web corporativa. Es donde la IA aporta más en proporción: pocas páginas, contenido de presentación y bastante imagen. Un borrador decente se consigue rápido, y el trabajo se concentra en afinar los textos con lo que solo sabe el cliente.
Tienda online. Aquí el ahorro está en el catálogo: descripciones de partida para cientos de productos, imágenes recortadas al mismo encuadre y textos alternativos. Lo que no toca la IA es lo que decide si la tienda vende, que son las categorías, la ficha de producto y el proceso de pago. Ese trabajo es el mismo de siempre y lo explicamos en diseño de tiendas online.
Blog y contenidos. Es donde más tentación hay y donde más daño se hace. Publicar treinta artículos generados en un mes no posiciona: llena la web de páginas que compiten entre sí y que no responden a nada. Un artículo al mes con datos propios rinde más que treinta genéricos.
Preguntas frecuentes sobre la IA en el diseño web
¿Puede la inteligencia artificial hacer una web entera sola?
Puede montar una web sencilla y presentable en una tarde: unas cuantas páginas, textos de partida e imágenes. Lo que no resuelve es lo que viene después, que es donde se va el tiempo de verdad: conectar un sistema de reservas o de pago, adaptarla cuando el negocio cambia y arreglarla cuando algo se rompe.
¿Google penaliza los textos escritos con IA?
No por estar escritos con IA. Lo que penaliza es el contenido que no aporta nada, y eso pasa con o sin herramientas. El problema práctico es que publicar sin revisar produce justo ese tipo de texto: correcto, genérico e idéntico al de todos los demás.
¿Merece la pena pagar herramientas de IA si tengo una empresa pequeña?
Depende de si vas a hacer el trabajo tú. Si te encargas del contenido de tu web, una herramienta de texto y otra de imagen ahorran horas. Si el trabajo lo hace un estudio, esas herramientas ya están en su proceso y no tienes que pagarlas aparte.
¿Las imágenes generadas se pueden usar en una web comercial?
En general sí, pero las condiciones cambian según la herramienta y conviene leerlas antes de usarlas en algo que va a estar años publicado. Y hay una razón práctica por encima de eso: para lo que existe de verdad —tu local, tu producto, tu equipo— una foto real convence más que cualquier imagen generada.
¿Va a sustituir la IA a los diseñadores web?
Está sustituyendo la parte del trabajo que era repetitiva, que es la que menos valor tenía. Lo que queda —decidir qué necesita ese negocio concreto, ordenar la información y hacerse cargo del resultado— es justo lo que se paga.
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